10 RESPUESTAS para VENCER a los Chicaneros del VINO

chicanero

1. ¿Tengo que saber algo especial para tomar vino? NO! Al igual que con el café o la aguaepanela, lo único que tienes que saber es “si te gustó o no”, punto! El gusto es la razón y la última verdad!

2. ¿Me tiene que gustar un vino porque Tulio o algún enófilo lo recomendó? NO! Lo pruebas, al final debes creerle únicamente a tus sentidos. En el asunto del gusto mandas solo tú ¿y Tulio? “Que se vaya a freír espárragos”, Ja!

3. Si es un tinto y estás en un clima cálido, enfríalo un poquito. Unos 15 minutos en la nevera para que alcance su estado óptimo ¿Y si no tengo nevera a disposición? Ponlo en una hielera unos minutos! ¿Y si no hay suficiente hielo o el asunto es de afán? Pide un hielo pequeño y agrégaselo, nada va a pasar, no estás en una cata profesional. ¿Y qué hago con los que se burlarán de mí? Déjalos, que los estirados se sufran su vino caliente! Al que le gusta le sabe.

4. ¿Y si no tengo copa? Utiliza un vaso, una taza o una totuma, qué importa. En la mayoría de casas europeas lo sirven en vaso y no pasa nada… el vino no se va a ofender.

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Un VINO en el barco más grande del mundo

un vino en el allure of the seas

«Tras cada sorbo sentí como si Dios tocara mi cabeza con su dedo»

Cuando se trata de experiencias personales alrededor del vino, las líneas que hacen la diferencia entre lo real y lo divino son bastante difusas y subjetivas. Esta es la base y el fundamento del universo de los sentidos: Importa el ser humano y su espíritu al encuentro con la copa.

Serían algo más de las 2 de la tarde del 10 de Marzo del 2012 cuando mi esposa telefoneó, para confirmar que había logrado conseguir, después de algún tiempo de espera, cupos para viajar en el Allure of the Seas, el barco más grande del mundo. Además de la felicidad inicial, del evento, de la alegría al saber que pasaríamos algunos días surcando los mares del Caribe al lado de nuestros hijos, llegó a mi corazón, casi que como un llamado, el tema que inspiró este artículo: La posibilidad de comprobar si el vino que estaba tomando justo en ese momento, un Parras Viejas de Santa Helena cosecha 2008, sabría igual en aquel mítico barco que en el ambiente de mi oficina. ¿Por qué llegó a mi mente este planteamiento? Llevo años escuchando a los especialistas decir que el vino adquiere o pierde importancia según el momento, la compañía, el lugar y la situación en que se beba: «De eso depende el 98%, de la experiencia». ¿Será cierto? ¿Un vino puede mejorar o empeorar según la condición, la ubicación y el estado de ánimo?

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