¿Cómo explicar que el sancocho, más que comida, es sentimiento y recuerdo para el Colombiano?

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Porque a uno le servían “pal engorde”, como a un pisco, y luego le repetían… y caía uno al pasto con modorra, exhausto de tanta comelona y de tanto amor hecho sopa…”, así lo recuerdo yo.

Mi mamá revolviendo con el cucharón de palo, advirtiendo con su mística sapiencia: “que nadie más lo puede revolver porque, si tiene mala mano, daña la sopa”. Vea pues.

Mi papá repartiendo las carnes con justicia: “yo quiero esa, yo quiero esa”, se escuchaban las peticiones de los pequeños e inquietos comensales… un hueso carnudo, un cubo de morrillo, una yuca, un plátano, una papa para cada uno: -¿quiere más caldo, mijo?-, preguntaba mamá mojando el arroz, mientras mi papá soplaba la leña con la misma tapa de la olla y le echaba, a escondidas, una copita de aguardiente al caldo: “que así sabe mejor, carajo”. Preste pa’ca.

Luego mis hermanitas cortando aguacates, cilantro y bananos sobre los platos del Carmen de Viboral y sus irregulares flores azules, repartiendo arepas, limones, gaseosas y refajo en vasos plásticos! Todos oliendo a humo, desde el pelo hasta la punta de los pies (el Sancocho se come, pero también sé lo carga uno encima), sosteniendo los platos entre las piernas y dando resoplidos para alivianar el calor de tan sabroso menjurje… comiendo con hambre de verdad.

Y y yo con los palos, todo gordito y sucio, corriendo entre los pinos y sus alfombras de acículas, buscando ramitas secas y chamizos para atizar el fuego. Me sentía el héroe de la espesura del divino caldo.

Ni se imaginan la delicia, la “grandura” y la llenura. Porque a uno le servían “pal engorde”, como a un pisco, y luego le repetían… y caía uno al pasto con modorra, exhausto de tanta comelona y de tanto amor hecho sopa… TULIO Recomienda!


3 reflexiones para no creerse el ARROGANTE que MÁS sabe!

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1. Cuídate de no creerte crítico, foodie, sibarita, ni especialísta tan rápidamente… es una tristeza no disfrutar la comida por el simple hecho de disfrutar. Son más felices y la pasan mejor aquellas personas a las que todo les gusta, que no se complican las salidas, que no viven buscando el pelo en la sopa. Son más felices y la pasan mejor aquellas personas que no saben nada de sibaritísmo, que no andan tomando fotos ni dando calificaciones ¿bueno, malo? ya lo dirá la barriga. Cuando me siento a una mesa prefiero de acompañantes a aquellos que, y como diría mi abuelita: “pueden comer piedras y sonreír”, entonces la velada se convierte en una delicia… nadie pelea, nadie se queja, nadie se cree más que nadie! En el fondo, a esos son los que más admiro yo! Comen y la pasan rico!

2. La nacionalidad del cocinero no es garantía de autenticidad… me pasa a cada rato. Me invitan a comer paella, “la mejor”, me dicen, ¿por qué? “porque la prepara un español”. Cuidado con eso, mi madre es española y no sabe preparar paella. La nacionalidad no es certificado de sapiencia culinaria y menos de cultura gastronómica. No todos los españoles, franceses, italianos o colombianos saben cocinar ¿quien dijo? Cada vez que viajo es en lo que más me fijo y lo que más me sorprende: pizzas buenas y malas me he encontrado en Italia ¿buenas paellas? difícil hallarlas hasta en Valencia; ¿tacos? me llevaron al más famoso de Ciudad de México y fue una vergüenza… es como si pudieras asegurar que en todas las esquinas de Bogotá vas a encontrar el mejor ajiaco (y es difícil encontrar un buen ajiaco, incluso en Bogotá), o como si por el hecho de ser colombiano, ya se te facilitara preparar el mejor cuchuco con espinazo (ojalá fuera así); pero el 99% de los nacionales de este país, ni siquiera saben qué es el cuchuco! Así mismo pasa con los comensales de otros países! Conozco a algunas personas que jamás habían prendido una estufa y ahora tienen restaurantes en París, Asturias y Miami ¿te quedaste sin trabajo? Fácil, monta un restaurante colombiano ¿acaso no eres colombiano? Sí; pero qué se puede esperar si nunca has sido cocinero? Pareciera que vende más el acento y la nacionalidad que el sabor verdadero!

3. Hay comensales muy creídos… que salen a algún lugar del mundo prueban algo y, tras una sola cucharada, llegan a dar cátedra en nuestro país. A partir de ahí, ya no les gusta nada de lo que se prepara en estas tierras! “Vamos tío; está tortilla de patatas no es como la de España”, le dicen a todo el mundo en voz alta (con acento y todo). Da risa ver a algunos reclamar aireadamente: “esta pizza no es como la que me comí en Nápoles”. Hay quienes prueban un taco en el Ciudad de México y creen que ese bocado es palabra de Dios y, para ser honesto, en el ex DF probé algunos tacos buenos, cierto, pero también probé otros muy malos. El lugar no es garantía de perfección. Depende más del cocinero que de la ubicación. No te dejes engañar.

Para entender la cultura culinaria de un país hay que comérselo por sus 4 puntos cardinales, una sola región es una muestra incompleta! Hay que comer mucho, repetir una y otra vez, entender la historia y disfrutar desde lo campesino hasta lo muy “puppy”, para poder adquirir al menos una pizca de entendimiento… solo entonces podrás acercarte a lo que es bueno y original de verdad!

Conclusión: es comida… relájate y disfruta!!!
por @tuliorecomienda