Un Chicharrón Gigante en Casa Molina

13051638_598627186956661_6019647774496132623_n
-Chocozuela ¿Y eso con que se come?-, le pregunté al maestro Molina, mientras se apresuraba a desempolvar de sus recuerdos, las antiguas raíces de este plato. Me contó que los abuelos de Antioquia lo comían!

-Me imagino que será un corte obscuro, por aquello de «choco» y delgadito, por aquello de «zuela»-… suspiró ante mi ignorancia y, con esa sonrisota de orgullo que le brilla cuando prepara algo tan antiguo y olvidado, se metió en su cocina y se puso a cocinar!
-Déjame que te muestre!-.

Unos minutos más tarde tenía frente a mí un acaramelado y redondo codillo de cerdo confitado por muchas horas, chorreado en una sueltica jalea de gustosas y frescas mandarinas… el ácido, el dulce, la miel… Quebré la piel, convertida ahora en delgadito y sonoro chicharrón… mordí una gordita esquirla de carne blanca… jugosa, firme, escurridiza… solo fue apretarla para que se derritiera como confite, soltando gotas de espumosa mantequilla, colágeno, grasita, sal y miel… el profundo y tenue dulzor de la madurez, la musical emoción de un bocado perfecto, único y eterno!

Sigue leyendo