Los MEJORES Restaurantes en Barranquilla

MIURA Steak House

Carrera 52 #76-188

Me habían hablado tanto, qué se me había convertido en ansiedad. Cada vez que pisaba Barranquilla alguien me preguntaba: “¿y no has probado Miura? Son las mejores carnes”. Decidí sacarme la espina (o el hueso), e ir a averiguar el ¿por qué de tanta alaraca?

La tenían de pa’rriba porque venía justo de una gira por EEUU: donde algunas de las más perfectas piezas de Nusret, Mortons y Wolfgangs acababan de pasar por la mesa de mi vida… así que mi nivel de exigencia estaba elevado.

A la mesa llegó el cocinero, metido en su impecable casaca blanca. Entre las manos un quemado bandejón. Cargaba uno de los cortes más hermosos y bien logrados de cuantos he visto: un Porterhouse Certified Angus Beef de 1.100 gramos y 3 dedos de grosor, llegaba aún borboteando sobre una marisma de mantequilla avellanada. Su aroma fue apretando el salón.

Cómo si se tratara de un ritual, el hombre “pinceó” dos trozos con un par de cucharas al mejor estilo francés: de un lado el Lomo (Tenderloin), del otro el StripLoin (las dos piezas que lo componen), los mojó en la alborotada mantequilla y, con meticulosidad (como si se tratara de merengue), los dejó sobre mi plato: tanta delicadeza, tanto mimo, tanta celo y dedicación dejaban ver qué, para este cocinero, sus carnes resultaban religión.

La mordí, no lo podía creer, fue como un chorro de felicidad. El buen fuego le había dado un brillo inusual… unos minutos antes me la había mostrado cruda, desnuda sobre la mesa (como un vivo menú), y ahora la traía convertida en una jugosa, acaramelada y oleosa fiesta de liberadas fibras. Sus bordes lacrados, hechos chicharrón, la grasita entreverada, el empapado y colorado interior, la suavidad de su dulce gusto, ferroso, maduro, logrado como pocos logran: dry aged (40 días de maduración en seco), la mordí otra vez, la estreché, la presioné, la incité, la obligué, la forcé, la chupé y me gocé su húmeda y gustosa gloria. Esto no es solo una pieza de carne, es una obra culinaria que ha logrado Miura, sin precedentes, sin contendientes! Cruzaría el país entero para volvérmela a comer!

Manuel Cocina

Carrera 55 #74 – 125

¿EN SERIO? ¿LE PAGASTE PASAJE DE AVIÓN SOLO PARA IR A COMER Y VOLVER?

Pues sí, el 22 de diciembre me desperté con una idea tan sabrosa como descabellada: “vamos a almorzar en el restaurante de Manuel Mendoza en Barranquilla”, le dije a Aleja, “así que toma tus papeles que nos vamos para el aeropuerto ya mismo”. No me creyó hasta que estuvo montada en el avión saliendo de Medellín.

¿Qué podía hacer? Saber que acababa de abrir nuevamente su restaurante me tenía obsesionado. Sí, Manuel Mendoza, el aclamado cocinero de Cocina 33 se metió una crecida despampanante y ahora se llama Manuel Cocina. Eso no me lo podía perder.Llegué directo del aeropuerto. Tras la enorme puerta me encontré el más hermoso y moderno restaurante, parecía que hubiera saltado de La Arenosa a Nueva York en un santiamén!

Empezó con sus tacos de pescao entre tortillas de maíz morado y cebollitas en plumas sobre aguacate y cilantro. Qué cosita más jugosa y deliciosa. Y luego un crudo sobre ponzu y limón; y una crema de pequeñas zanahorias estalladas en crispetas de millo y un plato de gorditos chicharrones en crema de frijol diablito y plátano maduro. Ya saben, morí lentamente del gusto y la emoción.

Y para seguir con la fiesta me sirvió un brillante pescado y un dulce risotto de coco. Encima del pescao una curiosa y fulminante mantequilla de limón, que dicha por Dios!

¿Tanta comida? Se preguntarán ustedes. Claro sus platos son para compartir. Había olvidado ese detalle.

Y cuando creí que era el momento de partir se despachó con algo bien especial: una pizza de langosta thermidor en horno de leña. Ustedes no se imaginan la cremosidad, la dicha y el placer.

Es verdad, lo que a Manuel se le ocurre no se le ocurre a nadie más, que te quedas de una pieza cuando te empieza a bombardear con sus curiosos y más sabrosos platos ¿y los postres? PUM! por aquí un delicado flan, PUM! por allá una milhoja que no te deja respirar.He aquí uno de los MEJORES de Colombia y de Latinoamérica, digno de una Michelín si estuviera por aquí.

Los Hijos de Sancho

Carrera 51 no 76-96

UNA EXPERIENCIA QUE NO OLVIDARÁS JAMÁS.

Steak House Chez Ernest

Cra. 54 #70 – 69

Uno de los más antiguos y amados. Su Steak Pimienta es prácticamente un mito y una revelación.

Palo de Mango

Cra. 55 #75-67

El aclamado restaurante de uno de los más grandes cocineros. Alex Quessep cocina el caribe entero.

M Cocina Árabe

Cra. 56 #98-65

¿Kibbeh, Falafel y Hummus?
Este ÁRABE me enloqueció!

Tras el mordisco, llegó el primer suspiro: el cremoso puré de Berengenas, el babagannuj, con todo su humo… el aceite, el sésamo… la hermosa visión del carnoso bulbo majado, los pétalos de cebolla, las gotas de limón y el ajo! Un bocado dulce, seductor, divino.

Un respiro y el salón se inundó de los más exóticos aromas, llegaba el espíritu del Medio Oriente batiendo sus 7 velos: canela, menta y yerbabuena; cúrcuma, cardamomo, jengibre y anís… los platos llovían, el banquete del hada Pari Banu se hacía real ante mis ojos: Kibbeh, Hummus, Labneh, Falafel, Tabbulleh y un montón de fragantes mezzes dispuestos por toda la mesa!

Como buen costeño, agarré primero un oscuro zepelín… hundí mis dientes para escuchar el sueltico crujido de su piel de trigo y res… el aire que se abrió tras el mordisco me obligó a absorberlo más profundo: Yerbabuena, cebolla y perejil… y entonces, un chorro de su cálido, jugoso y carnudo corazón llenó mi boca con sus gotas y notas: el ajo, la pimienta, el Baharat! Sí… suspiré bajito! El mejor Kibbeh que recuerde hasta hoy!

Y empezó un sinuoso y continuo Raks Sharki, mis labios convertidos en caderas, giraban, abrazaban, chupaban las mieles de la gloria: el Labneh y su adorable ácido dulzón, las croquetas de garbanzo (sequitas y olorosas), el fresco Tabbulleh, su trigo y perejil; los Dolma rellenos de arroz, sus especiadas boronas, el cremoso e intenso hummus, el arroz con almendras y al final, el adorado Kibbeh crudo, cremoso, fresco, apretado: carne, trigo, almendra, aceite y más yerbabuena! Bendita revelación!

El Celler

Carrera 54 no 75-119

¿MORCILLA pinchada, CHICHARRÓN de cochinillo y ARROZ de COCO?

Por Dios… este man se enloqueció.

Ayer me senté a la mesa del Celler. Siento que todas las recomendaciones y alabanzas que había escuchado sobre el cocinero y la comida de este lugar se quedaron cortas y cortas se quedarán; porque el Celler no es un sitio normal: su cocina es la perfecta amalgama de dos mundos: tan de aquí y tan de allá qué te genera una deliciosa revolución interior: como nada que hayas probado antes.

No hubo un plato, no hubo un momento, no hubo un bocado que no fuera emoción, descubrimiento y sorpresa total: el pescado sobre el arroz a banda, de coco y en paella, el pulpo con sobrasada y miel y crema de ajos, el cochinillo de horas a la leña y a la sal (que pocas veces he probado chicharrón igual), y aunque pareciera un sacrilegio, la morcilla de Burgos con mousse de pimientos, salsa de manzanas y aguacate… Sí señor! Qué carajos pasa aquí… está cocina te duele hasta en las entrañas.

Y, cuando creí que todo estaba dicho, se alzó con un carpaccio de magret de pato con arroz rojo y teriyaky, y una perfecta punta de anca sobre puré de yuca y ajos rostizados; y unos langostinos con mantequilla de romesco sobre marmaon… firme, delicioso, casi indescriptibles, te quedas sin respirar, con ganas de llorar de la emoción.

¿De dónde ha salido este tipo? Pregunté con respeto ¿cómo alguien es capaz de exprimir los mejores sabores y elevarlos a la enésima potencia, transformando, retocando, seduciendo hasta la locura? Entonces alguien me contó que lo había abandonado todo: su carrera de administrador, su familia, su país para estudiar y convertirse en cocinero en Barcelona. Afortunadamente nunca olvidó sus raíces y eso es lo que lo hace tan diferente y tan exitoso hoy: esa combinación que lleva a los platos.

Para poder entenderlo hay que conocer, disfrutar y comerse el Celler entero, solo en ese momento tomarán sentido mis palabras para ti: que Rodrigo Díaz, el chef de El Celler, no solo cocina… Rodrigo se te mete en el alma con su cocina… y eso es bien diferente.

Este restaurante, si estuviera en otro país, tendría su buena estrella Michelín (no tengo duda de eso) ¿entienden la importancia y la potencia? Pagaría tiquete de avión solo para venir a comer en él.

Dijon

Carrera 54 no 68-196

Mi primo Paco y su esposa Jackeline, par de avezados sibaritas, me habían recomendado mucho un pequeño restaurante por el Hotel del Prado en Barranquilla. Supe por ellos de su aire francés y de sus aclamados cortes: «que son de lo mejor que se sirve en estas tierras».

Pensaba en sus palabras mientras bajaba las escaleras para entrar en un cerrado socavón, una bóveda subterránea con 8 mesitas dispuestas al centro! Nocturno, muy romántico!

La carta hacia un recorrido por las esquinas y las típicas carnes de los galos! Nuevamente pedí gran parte del menú. Me enfrenté primero a un grueso y jugoso «Entrecote», abrillantado en una traslúcida mantequilla y sus hierbas de la Provence. Por encima, fresco estragón, tomillo, pimienta verde y unos ácidos golpecitos, acompasados y deliciosos! No había terminado cuando Carly (su chef), se dejó venir con un robusto «Pepper Steak» de corteza cerrada y avellanada, casi fundido al medio de otra mantequilluda marisma de pimienta recién molida y paprika. Sus fibras húmedas se soltaban con solo chuparlas: el dulzor de su grasita, la sal y el hierro! Apenas me estaba recuperando del gozo cuando apareció con una espléndida «Magret de Pato» sobre foie gras… primoroso bocadito! La carne firme del canard sobre el mantecoso hígado y su intenso sabor! Un momento inolvidable… el cielo, la gloria para cualquier comelón!

Cerré la fiesta con «Pour le Maís», o una pasta rellena con ricotta, puré de maíz, espinaca y trozos de langosta! Perfecta, como todo lo demás… y cerré también con una sentida y publica disculpa a su cocinero, pues al principio no me porté muy bien con él (estaba en uno de esos días…)

Como siempre, mis primos sabían lo que estaban recomendando. Uno de los mejores restaurantes de la arenosa, sin duda alguna… Valió la pena cada peso invertido en la experiencia!!! Y allí volveré!

Varadero

Calle 51 #79-97

¿A quién le gusta la CAZUELA de MARISCOS?

Bien… la de este restaurante es una delicia.

VARADERO es un restaurante que vive de fiesta. Una vez pasas la puerta te olvidas del mundo y entras en un estado de celebración y gozo absoluto.

Los platos, todos caribeños, pasan casi bailando bajo tus narices: arroces, cazuelas, pescados y tostones; al fondo, el carnaval (aunque no haya carnaval), revienta los tambores y te pone a sabroseá.

Pedí el tocino y el choclo de langosta, como el más perfecto y pinchado desgranado que haya probado, y su aire atrufado. Y pa subirle el volumen a la experiencia, una pancha y gran cazuela con langostinos, más langosta y mejillones… no se imaginan la dulzura y la grandura del bendito plato… a Varadero, siempre querré regresar.

Porthos Steak House & Pub

Carrera 53 no 85-61 

Adoro los lugares como Porthos en Barranquilla… la nostálgica música, la tenue luz, el aire que olía a madera, comino y ron! Al fondo, entre decenas de cervezas, banderas, placas y luces enfrascadas; roncaba la parrilla y su abierto mundo de potentes, cebados y dulces aromas. Me llevó a los bares, restaurantes y reposterías de mi familia cuando yo era un niño: Bananas, Sport World y Honey; ambarinos entables recubiertos de tablones que en cierto modo emulaban los pub ingleses donde se servían birras en vasos congelados!

Abrí la carta para encontrarme con toda una sección de hamburguesas, 7 en total. Entre ellas, una que se robó mi atención (como si la tierrita me llamara): La Sweet Costeña y el anuncio que sería preparada con Certified Angus Beef ¿quién es tan loco en Barranquilla, o tan arriesgado, para picar una de las mejores carnes del mundo y convertirla en hamburguesa?

Unos minutos más tarde la tenía frente a mí: 150g de una jugosa albóndiga contagiada de fuego y hierro hasta que sorbió un delicioso, maduro y caprichoso gusto ahumado… por fuera el humo crocante; por dentro la crema, el dulzor de su grasita, el soplo de una carne apretada en bolitas, de sabor honesto y real!

Luego llegó el mordisco, el suspiro, la gloria de un empanado perfecto: pan brioche resellado al centro, elástico y tierno; del tamaño justo para juntar los sabores sin desencajar la mandíbula (porque las hamburguesas gigantes son un despropósito): la albóndiga jugosa, sus migas redonditas; el queso costeño desleído, su sal, el equilibrio que se iba permitiendo al contacto con las cebollitas y su revolú de caramelo; la lechuga crujiente, el tomate, el suave toque de la salsa… nada opacaba nada, todo estaba tan bien puesto en esta hamburguesa, que terminó convirtiéndose en una enorme, sabrosa e inolvidable experiencia para mi.

Jade

Carrera 56 # 74 – 160, Local 2

¿El SUSHI más votado? La curiosidad me mataba, tanto que tuve que pegarme mi viajecito hasta la arenosa para conocerlo, probarlo y comprobarlo: ¿por qué el Shirokuro de Jade había causado tal furor, tal euforia y tal locura durante los días del pasado SUSHI Master?

Los que escribían sobre él en las redes no parecían comensales, sonaban más como los feligreses de una sabrosa religión, como adeptos, como neófitos de un extraño culto… cientos de ellos, miles de ellos a diario se arremolinaban en las puertas del pequeño restaurante para hacerse a “los 8 bocaditos de la gloria” (como solían referirse a ellos).

Cuando llegó a la mesa, tremenda sorpresa me llevé (lo había visto en fotos, pero en vivo es otra cosa). El contraste me dejó lelo (no recuerdo algo igual), muy curioso, muy llamativo: mitad blanco intercalado (Shiro), mitad negro (Kuro)… adentro del arroz entintado, el firme langostino tempurizado y sus cremosas levas: el queso y la palta (el aguacate)… encima un revolú de madurito hecho crumble, unos cristales de azúcar, unos ripios de canchita y una asevichada explosión de acentos y momentos! El picoso gusto contrastado de lo opuesto: el yin y el yang: sueltico, dispar, precioso, perfecto!

Ahora entiendo la exagerada adoración del jurado barranquillero, sus aplausos, sus gritos, su jaleo: este rollo lo vale todo! Tenían razón! Barranquilla ha votado bien!

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Linda

    La Heladería Americana de la kra. 43 un desastre en la atención al cliente. La primera vez que fui a ese lugar con un grupo de personas (Marzo de 2019) no sabíamos como se manejaban las cosas en ese lugar. Unas personas que estaban sentadas en la terraza muy amablemente nos cedieron la mesa. Una mujer que al parecer es la encargada de asignar los puestos vino corriendo del interior del local y nos exigió que nos levantáramos de la mesa de manera grosera e irrespetuosa porque supuestamente había otras personas esperando. Prácticamente nos echó. Creo que si quieren ganar más clientes deben capacitar a sus empleados para que sean más respetuosos y orienten mejor al cliente.

  2. Carlos

    Miura nada que ver. Pésima calidad de Cortés. Mala selección e inadecuado termino de cocción

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