¿De Netflix a la vida real? Comiendo en Alinea

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Estuve en Alinea. Creo que va a ser una experiencia difícil de superar… Llevaba 6 meses pidiendo reserva, no me la habían podido dar, así que llegué a Chicago con la incertidumbre de no haber conseguido ni siquiera un huequito en el bar. La única ilusión eran un par de recibos de un listado en el que me había tenido que anotar.

Por una vuelta del destino, la mesa apareció. Un mensaje anunciaba: miércoles, 8.30, entrada para 2 en el salón principal… el sueño se hacía realidad.

Llegué muerto del susto, como un niño chiquito la mañana de navidad, la emoción que significaba para mi (y para cualquier cocinero del mundo), sentarse a la mesa del gran Grant Achatz, la más pura y dura experimentación para el paladar.

14 momentos se dejaron venir con gran sorpresa e ilusión, no era una simple cena, era una alucinante puesta en escena, la pura vanguardia sin antifaz.

Al primer plato una roca de caviar y yogurt; y luego una ensaladilla de espárragos en algodón y jamón ibérico hecho polvo. Por mantel, una espesa capa de vapor. Arriba, unos fideos fritos hacían tapa a un especiado curry tailandés. Mordisco, suspiro, sorbo eterno que debí completar con un luminoso tubo de ensayo que tenía al medio y al revés. Saqué luego, de un “afogatado” tazón, un oscuro y firme pulpo que venía haciéndose sobre una fogata de sal. Todo pasaba tan rápido y tan en cámara lenta, que me sentía drogado, imagina el té de Alicia (o el de Tulio en el país de las maravillas).

Pasé de los morel a su mantequilla de cordero, y luego al cocido de cerdo y a su té de matsutake, y a las paleticas de patilla, y al corte de wagyú más cremoso del mundo entero: foie gras, trufas, hongos de oreja. Cuando ya no esperaba más, me bajaron a la cocina y viví la magia de sus cocineros, aplaudí y brindé con un margarita de pimentón entre los dedos.

Volví a la mesa, se estaba incendiando un enorme tronco de palo santo, aquel olor se me vino pegado entre las sienes. Y llegaron las crispetas y su anhelado y mítico globo de manzana verde y de helio, que llega volando hasta ti y te quema la voz y el cerebro: qué debes morderlo en el aire… ALINEA, “es que no puedo creerlo”.

Puedes ver el divertido video de la experiencia en https://youtu.be/KwDt0JudBrA


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