«Te amo PAPÁ. Gracias por sembrar en mí el amor por la cocina.»

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Te amo papá. Gracias por sembrar en mi el amor por la cocina. Hoy lo sé, lo siento, lo vivo: no pude haber tomado una mejor decisión en mi vida!

Gracias papá! Estoy demasiado feliz haciendo lo que hago y siendo lo que soy: un apasionado cocinero, un discípulo del fuego y del hierro, un aprendiz que atesora con celo aquellas palabras y enseñanzas que un día, cuando pequeño, me regalaste y que hoy son mí guía y religion (y deberían serlo para todos los jóvenes cocineros)… gracias por inspirarme desde la cocina de tu corazón:

“Hijo… para cocinar bien debes dejar de lado el ego. Jamás buscar que la cocina sea un trofeo; porque la buena cocina, por encima de todo, es una profunda expresión espiritual, el triunfo de Dios que cocinará a través de ti, y no al revés.

La cocina de verdad es aquella que no necesita reconocimientos, que no espera estrellas, ni alabanzas. Se entiende en el aire, en las maripositas del estómago, en los ojos inyectados; en especial, cuando cocinas con tanta convicción y entrega, que el premio final es la felicidad del comensal.

Con amor, con entrega, con una limpia intensión; solo así lograrás la comida más pura, la que es imposible de razonar, la que supera los paupérrimos calificativos humanos hasta convertirse en sentimiento, en bondad, en alivio, en canto y en alegre llenura para el comensal.

La buena cocina es indescriptible, es indescifrable, es infranqueable, es eterna en su silencio… no se habla, se siente, se conmueve, se sonroja, se desea, se evoca, se somete, se muere y se renace en ella: una buena comida sella el pasado y el presente en una sola cucharada… una buena comida es encuentro: la vida y la muerte en una misma cucharada!

Hijo, cocina con pasión, con honestidad y mucho amor… busca elevar a todos con el certero golpe de un gran bocado… solo entonces las cocinas del paraíso se abrirán para ti y para los afortunados que se sienten a tu mesa”, [TULIO Recomienda]

Nuevamente… GRACIAS papá… Nicolás Zuloaga!