Encontré el plato PERFECTO en las calles de mi propio país!

28276671_954779764674733_3460285336469211941_n

Lo que más me gustó desde el día en que llegué a este mundo fue la comida. Mis padres tenían que esconderla en casa, porque de otra manera yo acababa con todo. Siempre fui gordito! Siempre fui goloso! Siempre fui glotón! Alguna amiga bruja de mi madre ya había diagnosticado que yo no serviría sino para comer, pero nadie le entendió en ese entonces: ¿Acaso era eso posible?

De aquellas épocas de sancochos, bollos, hayacas, guandules, patacones y cocadas tengo un firme recuerdo... y el más firme de todos, sin duda alguna, es el de los enormes y cálidos envueltos de arroz achiotado con pollo, cerdo, costilla, habichuela larga, berenjena, ajíes dulces, coles, aceitunas, cebollas y zanahorias que preparaban las palenqueras y que vendían los domingos después de misa, paradas bajo los frescos almendros de mi tierra.

Arrejuntao todo, amasisao todo, apachuchao todo… así hacían un menjurge con los ingredientes y los servían al centro de un par de hojas de bijao. Las doblaban con parsimonia, las amarraban con cabullas y las cocían en un especiado caldo (para no aguarles el sabor). Después de un par de horas de candela, las ordenaban en sus aporreadas palanganas y se las ponían de sombrero!

“Pasteeeeel, pasteeeel”, voceaban con ese “galil” que sólo ellas suelen poseer! Ese sonido y ese sabor son el recuerdo más hermoso que tengo de mi niñez, y de él se desprende esta dramática pasión que tengo por los envueltos, llámense tamales, fiambres, hayacas o pasteles!!! El sudor de esas hojas… por Dios!

Pues bien, hoy descubrí que ni siquiera toda mi carrera de comelón me había preparado para conocer a don Gustavo Camacho y sus pasteles en Cartagena… me senté en su casa, corté las lianas y comí sazonando con mis lágrimas. Parecía un niño chiquito. Mordía, lo miraba, suspiraba y volvía a morder! Nadie, y léase bien, nadie hace un pastel como él: me volvió a mi infancia… aquel arroz apastelado, húmedo, fragante y divino… viajé nuevamente a los frescos almendros y a sus calles arrolladas… siento que aquel encuentro, que aquel mordisco fue más bien una cita con Dios! Toda mi carrera de comelón, buscando el plato prefecto, concluyó ahí… no fue en Nueva York, ni en Barcelona, ni en París, fue en una cálida casa del barrio el Socorro en Cartagena, en mi propio país!

Gracias Diosito por mostrarme el camino hasta aquí…

Puedes pedir sus pasteles, y una caja de servilletas… porque vas a llorar, a reír y volver a llorar! Nada habrás probado así! Yo le pediría que me los mandara a cualquier lugar de este país… porque es imperativo probarlos antes de partir!

Los Pasteles de Don Gustavo

Domicilios tel: ‭(320) 567-0459‬
Cartagena


¿Quieres recibir las MEJORES recomendaciones? Descarga AHORA la APP “Tulio Recomienda” desde http://www.adianteapps.com/vogswe

Un comentario en “Encontré el plato PERFECTO en las calles de mi propio país!

Deja un comentario