¿Hamburguesa de Posta, Ramen y Fornarina? 11 platos FUERA de SERIE

El Ramen de Sumo Ramen

sumo ramen

Levanté unos pocos fideos con los palillos y los sorbí con fuerza hasta destetarlos del plato. Abajo, la brillante sopa aguardando con sus otros preparijos: espinacas, huevos, tomates y las delgadas rueditas del char siu, la barbacoa de cerdo. Al fondo Keiji, con su hachimaki en la cabeza, trabajando como una hormiguita, entregado en cuerpo y alma a su labor de cocinar… Luego las delgadas rueditas de tocino parrilladas, el ahumado Char Siu y su dulce grasita, el cebollín, el hierro de la espinaca, su astringencia, el huevo, su firme carne y su cremoso corazón. Sin complicarme fui combinándolo todo, mojando cada piecita en el caldo, elevándolos rápido, una y otra vez, para que el líquido no se diluyera! Nuevamente, y como en la experiencia anterior: sorbí, mordí, chupé y viajé con emoción… Al final, ante la mirada agradecida del joven itamae, levanté el cuenco con las dos manos y me lo terminé a sorbitos… debo repetir: comer así es un lujo, te llenas la panza mientras tú espíritu danza!!!

tel: (319) 211-1876
Carrera 36 no 8a-131


La Cazuela de Mariscos de Buena Mar

EL BARCO DE BUENA MAR

Siempre que hablo de este lugar, pocos me quieren creer: «ese Tulio está loco, no es posible que exista un lugar así en Medellín, está exagerando». Pero cuando se atreven, pero cuando llegan y atraviesan la pescadería, pero cuando suben por el caracol de escalas y dejan atrás la Medellín del día para perderse en la calma brisa de un restaurante llamado El Barco, mi locura se les contagia y pasa a ser parte de ellos: el Pacífico colombiano, sus selvas, noches y mares cobran vida frente a sus ojos… no queda más que suspirar, soltar y creer… Me encaramé por el mascarón de proa hasta llegar al tercer nivel. Arriba mesas, brújulas, banderas, remos, ojos de buey, más boyas y un timón sin timonel… Unos minutos más tarde estaba hundiendo la cuchara en un negro cazo de la chamba… en su barriga, una olorosa y borboteante sopa colorá de mariscos frescos y de coco enchumbá: calamares morados en su tinta, jaiba, pulpo, ajo, camarón y yerbabuena en una ligerísima bechamel para apretar. Al fondo unos palmitos en tomate, achiote y cuanta hierba de azotea hay! Preciosa, profunda, brillante, «saborosa» (con mucho sabor), para usar una palabra condimentá y bien inventá… un auténtico escándalo resultó ser este Buena Mar y su buena cocina para soñá!

tel: (034) 285-1090
Carrera 48 no 85-198
Itagüí


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El perro de Langosta de Submarino Express

submarino express

Gruesos y firmes cortes de langosta metidos en un espumoso pancito campesino; embebidos en una curiosa mayo japonesa, cremosita, suave… con esas profundas notas a soya y vinagre, que no ocultan el dulzón yodado del crustaceo, por el contrario, dan fuerza y brillo a su carne abierta y apretada… su delicado sabor a mantequilla, ajo y mar… Mordí como un loco, resultaba imposible contenerme, sus regordetos trozos estallaban entre mis dientes, mezclándose con el apio y el cebollín, la masa y la salsa… Esto es tan diferente a todo lo que solemos comer en la ciudad, tan hermoso y sabroso que no me queda más que agradecer el viaje, la experiencia, la felicidad de este profundo bocado: Amén por estas hermosas, arriesgadas y más curiosas propuestas, las que nos sacan de lo habitual, las que nos mueven y conmueven.

tel: (034) 276-4965
Transversal 31 sur no 32d 59


La Entraña de Malevo

Malevo

El asunto fue así: Llegamos a un pequeño restaurante en Manila. Del fondo a la entrada, el desliz de un nostálgico bandoneón: seductor, atrevido, divino… tan antojoso que Aleja me invitó decidida: “deberíamos aprender a bailar tango” ¿quién se podría resistir? Seguro lo voy a hacer!!! Tras la puerta, la delgada sombra del cantor, su triste voz… el olor a mate, a carne, a vino y café… los voces gauchas, el acento de sus meseros… de repente, me sentí en Mendoza otra vez! Y entonces apareció Joel, en la mano, una piedra hirviente sobre una madera. Bajo la humeante pilastra, una entraña asada a su manera: tumultosa, gordita, avellanita, perfecta; quizás la mejor «entraña» de Certified Angus Beef ® brand que he probado hasta hoy: suave, muy suave, con ese profundo y claro sabor a mantequilla, a hierro, a humo… brillante, jugosa, húmeda como ninguna… Así empezó la historia de aquella entraña que probé y luego, a punta de tango, de aires mendocinos, de vino aframbuesado, la perdí y vi pasar a mejor vida tras los labios golosos de mi eterna enamorada y su mordisco presuroso!

tel: (034) 580-2150
Calle 11a no 43e-32


La Hamburguesa de Tastys

tastys

No sé cómo explicarte esto sin atragantarme con las palabras… la emoción de descubrir una hamburguesa tan perfecta, tan bien servida y a un precio tan chiquito me sacó de la ropa y me llenó de felicidad: ¡¡que todo el mundo lo sepa, que una de las mejores hamburguesas de la vida me la comí ayer en Medellín… El hombre no se puso con rodeos: se fue a EE.UU. y analizó una de las más famosas de allá (¿sería la de Shake Shack?), luego hizo lo mismo en una hamburguesería de Bogotá (¿sería la de Home Burger?). Mezcló sus ideas e indagaciones hasta lograr la hamburguesa ideal. Se lo dije el día en que lo conocí: -de las 2 anteriores, me quedaría con la tuya mil veces más-. ¿Te imaginas el golpe de mi afirmación? El hombre casi se va de para atrás! ¿La albóndiga?, la más divina, parecía que se fuera a desbaratar. Un rústico mollo, crocante por fuera, jugoso por dentro; mezcla de morrillo y sobrebarriga; picado, salado y arrejuntado en casa hasta lograr un revolú de boronas gorditas, deformes y avellanitas… La sirven envuelta en par de pancitos cachetones… y allí, entre sus mullidos medios, el cogollo, el tomate, la salsa y un grueso aro de cebolla que me hizo rezongar… La pedí con queso y tocineta ($2.000 más c/u), y la apreté sin condolencia hasta hacerla llorar y suplicar! ¿o fui yo quién lloró y suplicó?, seguro que sí! Bravo, por esta nueva gloriosa de Medellín!

tel: (034) 589-8787
Carrera 70 no 32-82


La Gallinita Rellena de La Provincia

la provincia

Es de lejos uno de los platos más sorprendes del mundo: la GALLINITA rellena con Orzo, hierbas y Jerez del Restaurante La Provincia. Llega a la mesa precedida de un oloroso aire a hierbas, caldos y vino que te marean de la emoción… y es más emocionante cuando la ves frente a ti, porque no imaginabas verla así: la pequeña ave entera, regordeta, dispuesta sobre el plato con su piel crocante y su interior fragante, gustoso e inolvidable! Uno de mis platos de la locura y la perdición.

tel: (034) 322-0192
Carrera 42 no 3 sur 81


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Seviche de Chicharrón de Alambique

alambique

Eso escogí del menú. Una enorme bandeja atestada de gruesos cortes del más delicioso chicharrón, no lo había visto tan grande ni tan gustoso (800g), revelando sus 3 sabrosas texturas: muerdes para atravesar la crocante piel, la cremosa grasita, la carne rejugosa y reblanquita. Toda una experiencia resultó este gordito y brillante chicharrón! Llegó embebido en una ácida y picosa leche de tigre, cundida en cebollitas moradas, en pimientos coloraos, en aguacate, maíz y más cilantro cimarrón! El mordisco, el cielo… los apretujones del jengibre, el pique y el limón domados por el hierro dulzón de su suave y divina grasita! Muchas horas de horno, de fuego y piedra hasta alcanzar uno de los chicharrones más sabrosos, sorprendentes y gustosos de cuantos he comido en estas tierras!

tel: (034) 311-3714
Carrera 41 no 10-06


La Fornarina de Dante

dante

Nada más sabroso, ni siquiera en Parma, Italia, recuerdo haber probado cosa tan deliciosa: un pequeño círculo de masa espumosa y regordeta, amasada y leudada con paciencia y esmero. Al centro más delgada, al borde más inflada y más crocante. Una especie de focaccia olorosa y divina, cubierta por sendos trozos de bresaola, rúgula y grana padano! Este cálido circulito es mi delirio y mi perdición.

tel: (034) 322-0134
La Strada Medellín

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¿Se puede comer bien en los Centros Comerciales?

Si estás en el Santa Fe…

masia

1. Las Paellitas de Masía

-No imaginé que pudiera existir un lugar así dentro de un centro comercial-, le dije a Aleja mientras cruzaba la enorme puerta que me llevaría al corazón de «Paellitas de Masía», un pequeño y hermoso restaurante en el 3er piso del Santa Fe, donde Paco, un Catalán de buena energía y auténticos sabores, reproduce los platos que su madre le servía cuando cuando era un crío: los sabores de su España, la clásica y la nostálgica: Paellas, Solomillos, Tortillas, Gulas, Callos, Pochas, Gambas y una de las mejores Cremas Catalanas que he probado en la vida: su filosofía solo le permite servir lo más natural y original posible! Reflexionaba sobre eso mientras me dejaban unas brillantes y firmes rodajas de pulpo a la gallega sobre un taco de madera ($18.000). Cataluña se fue deslizando sobre mi mesa y sobre mi paladar.

Unos minutos más tarde hacía su entrada «la Valenciana», un fragante caldero y su azafranado arroz en paella ($27.000). Encima, 4 mejillones prendidos de los firmes «granijos» del bomba, como si quisieran arrebatármelo, como si quisieran tragárselo antes que yo diera el primer bocado, así de bueno se veía: pude hasta olerlo con la mirada ¿es eso posible?: húmedo, brilloso, con su aire a pimiento, azafrán y mar… «una paella de verdad», suspiré al ver el arroz extendido sobre el caldero; porque el rey de la paella es el arroz… una delgada capa que te permita alcanzar de una cucharada su principio y su final: el anhelado «oro negro», el socarrat (la pega, el cucayo), ahí está la magia, en el caramelizado del fondo, luego vendrá lo demás, las carnes o los mariscos; pregúntale a un español y sabrás si estoy diciendo la verdad!

Chupé los melosos granos, embebidos en el denso caldo que se les vino pegado, el fumet que agarraron durante la cocción y, al fondo, los langostinos, los calamares y, nuevamente, los mejillones en sus valvas. ¿Qué puedo decir? Una experiencia preciosa, el arroz, los mariscos fueron deshaciéndose en mi boca hasta entregarme el profundo gusto de la España de ayer… sin ningún opacamiento culinario. La vida que se hace vida en la boca… la grandeza de lo natural!


2. Taco House

taco house

Me declaro nuevo fanático de estos crocantes círculos de maíz doblados al centro, repletos de sabrosos preparitos: Arroz, carnitas, frijoles y fajitas! Uno más por favor! Uno más por favor!!! Una sencilla y divertida manera de comer tacos… a GRANEL!!! jajaja!


… y Prego

prego

El sabor natural del pistacho, su suavidad y aterciopelado gusto me recordaron los inolvidables bocados que di en Little Italy el año pasado. Idéntico paladar! Las gotas espesas y brillantes del Whisky, la mezcla bien lograda: sin hielo, sin aire; la consistencia firme y liviana de la receta… su dulce perfección! Todo en estos helados resultó perfecto para mi. Qué bueno encontrar semejante despliegue de cremosas alegrías en Medellín. Volveré allí todas las veces que la vida me lo permita!


Si estás en Oviedo…

freshi

1. Freshii

Siempre pido un burrito Baja o un burrito Tex Mex ($11.200), ambos enormes (fácil comen dos), repletos de toda suerte de frescos y sabrosos ingredientes: Arroz integral, aguacate, quinoa, fríjoles, queso, maíz y salsa, a los que en ocasiones agrego carne, tofu, falafel o pollo para crear, dentro de una cálida y flexible tortilla, el envoltijo prieto más delicioso! Al final le disparo su buen chorro de Sriracha (chile fermentado), para darle un fondo picantón ¿Ven por qué me gusta tanto? Comer saludable no significa comer solo lechuga, repollo y pimentón… y con estos burritos (o burrotes), come uno muy bien, queda listo, contento y llenito!


… y Doopies

doopies

¿Una Dona deliciosa y saludable? No me había creído mucho la historia hasta que me atreví a pasar la puerta, más por curiosidad que por antojo. Jalé un trozo del acaramelado anillo y me chupé los dedos antes de morderlo. El azúcar derretida me los había envuelto en una melosa y brillante película! Luego vino la tierna masa, su húmeda piel dorada, su almibarado gusto… esponjoso, divino… y resultó tan increíble, que tres segundos y tres mordiscos después ya había dado cuenta del suave circulito de dulce pan… «Que sí es verdad», suspiré conmovido: «como ninguna otra». Sin la tradicional fritura está berlina resultó ligerita y deliciosa ¿quien se lo iba a imaginar.

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Perrito con pedigree y 6 restaurantes súper económicos en BOGOTÁ

El Cebollero: ¿Eso con qué se come?

el cebollero

Por $12.500 pesos recibes un plato diferente y muy sabroso. Sirven salchichas hechas en casa, las más deliciosas; tensas, especiadas, robustas… las hay de res, cerdo, pollo y hasta vegetarianas a base de lentejas y papas… Entre sus carnes, toques exóticos a jengibre, panela, soya, cerveza, tamarindo, chile y mostaza. Gruesos embutidos metidos dentro de panes rústicos, capaces de hacer llorar la salchicha sin inmutarse… rollitos de masa elásticos, suaves, resistentes hasta la última gota y mordisco. Luego las salsas y picadillos: guacamoles, hogaos, uchuvas y más chiles… ¿Y de guarnición? Palitos fritos de Arracacha, Arepas de maíz Peto o papas de la Sabana… y un poco de ensalada! Todo puesto sobre unas piedras negras que te entregan con 6 frascos de encurtidos: Chipotle, cebollas, pimentones, chimichurri, mostaza y rábanos en salmuera ¿Qué pedí?  Un Villa de Leyva. Un perro de alto pedigree! Pollo y tocineta en salsa de puerros… más todo lo que antes describí! Qué gusto el que me di! Magistral! Me sacó aplausos. Se opone al diente lo necesario hasta hacerte rabiar de placer… y entonces, suelta sus olorosos, mantequilludos y gustosos jugos, se va desarmando en trozos de verdad! Lo intenté con la mano, pero tuve que desistir y terminar mi perro con cubiertos. Es tan jugoso, tan grande, que resulta reto comerlo con las manos…

Valor $13.200
tel: (031) 804-3767

Calle 58 no 3a-17


¿La gloriosa hamburguesa de Home Burger?

home burger

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TOP de RON: los 9 RONES que MÁS me gustan a mi
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TOP de RON: los 9 RONES que MÁS me gustan a mi

¿Qué es el RON para mí?

Es engañoso, el Ron es engañoso. Toca los labios fresco, pero se aviva en cuanto los supera… y quema, y envuelve, y seca, y pica, y se enciende… y te enciende ¿Qué puedo decir? El Ron me conquistó, me lavó, me elevó… incienso, pachulí y más flor!

Abrí la botella para liberarlo… muchos años de encierro entre barrica y botellón. Tome un pucho, lo sorbí, lo masqué hasta sentir el aguijoneó del alcohol… sus domadas puntas, su amielada sed… de entrada, pateó mi glotis, la envolvió en sus redondas y almibaradas gotas, alcanzó mi garganta, mi tráquea, mis pulmones, mi panza y mi voz… perfumó mis entrañas… sembró delicados jazmines y algunas lágrimas de miel.

Empecé a pasearlo por los cantos de la boca… Lo subí, lo bajé, lo atravesé con la lengua… sentí inflarse mis encías (porque el ron te infla las encías). Su apretado dulzor fue calentando el cielo de mi boca, su olor a humo, a madera fina, mohosa y vieja… el recuerdo del cajón, la mesita de noche de mi abuelo! Cerré los ojos y en el fondo de ese vaso recuperé su aliento a tabaco, ciruela y café!

Lo respiré con fuerza, mientras espiraba la ultima chispa, y entonces percibí algo de hierba seca: las quemas del monte, el olor de la panela, los vetustos libros y el lápiz mordisqueado del colegio! Sentí algo de sal al fondo… y volví a beberlo, y volví a sorberlo, dejando que ordeñara mi saliva, que se mezclara hasta crear el elixir perfecto! Adormeció mis papilas, las drogó, las aplastó con su denso humor, clavándose como mil punticas sobre la piel de mi lengua… el pique que pide un sorbito más y no regala descanso… el amargor del té verde, del mate y, al final, el quemón de su líquida, obscura y eterna llama.


1. Parce 12 años


Hoy ha caído un grande! Durante años lo tuve de primero en mi lista. No existía sobre la tierra de mis sentidos, ni sobre mi goloso imaginario, un ron más completo, más complejo ni profundo que aquel guatemalteco de 23 primaveras y dulzones aromas… pero en camino largo hay largas posibilidades para la revancha, la gloria y la sorpresa (o al menos eso decía mi abuelo)… hoy baja al segundo el Zacapa!

-Mi nuevo número UNO llegó con la lluvia-
Saqué la tapa de corcho, jalé su sombrero de bola de billar, la número 12, que indicaba los años que había pasado en su oscuro y maderoso corral… 12 años ah, que había nacido en el Quindío, corazón mío.

El aire se fue hinchando con sus acarameladas notas: melao, azúcar morena y panela… como el almíbar quemao que va sobre el flan… encima, mi mano que se mantenía tibia al tacto, enganchada a su gruesa botella de boticario… el vidrio repujado anunciaba un ron proveniente del oloroso reino del café, la guayaba y las mariposas amarillas: «PARCE, Reserva especial de Colombia 12 años»… Serví una copita y me fui dejando ganar de un ron maduro, oscuro y mieloso; que pica pero no quema, que te arrastra, te seduce, te empuja y te eleva… de sus sabores a ciruelas, a almendras y bananitos calaos se podrían escribir páginas enteras… tiene un gusto que te envuelve sin excesos, que te seduce sin empalagos… sí… un poco de café, un poco de tabaco, un poco de sol… sus preciosas gotas picantes, casi cremosas, me ganaron el alma para siempre. Me costó $195.000 en el Carulla, ¿costosita?, sí, pero vale la pena cada peso invertido.


2. Diplomático Reserva Exclusiva

diplomatico ron

Siento que, hasta hoy, no me había tomado un ron que se me fuera pegado tanto tiempo en la nariz, en la boca y en el corazón (como se pegaría una abeja a la miel). Había tomado un sorbito una hora antes y, una hora después, juro que aún revoloteaban sus aromas, sus panelas y flores por los cantos de mi boca! Tuve qué servirme una copa otra vez, el bendito elixir me dolía hasta en los recuerdos: no me soltaba, no me dejaba… respiré con inquietud, reflexivo, aturdido, hasta asustado… después de cada gota persistían sus cálidos soplos a piel de naranja, a miel maple, a almendra y a ciruela. Levanté la copa, la miré; hundí la nariz, la saqué; sorbí con nervios… lo apreté, lo chupé, lo acaricié, lo rodee, lo exprimí, lo ceñí, me aferré a su morena melosidad… cerré los ojos, suspiré: “arequipe y breva”… “picoso, meloso, perfecto”, continué mientras se licuaba en mi boca… se sobrevinieron un montón de emociones: aun vaciado, seguía como un calambre dulce recorriendo mis encías, mi glotis y mis papilas. Sí, sí, sí… mi nuevo delirio había llegado de mi aporreada Venezuela y, con su espeso besito me robó el corazón, el gusto y la razón! SALUD!


3. Zacapa Centenario 23

RON ZACAPA 23 AÑOS

Este ron es una suave miel, denso, oloroso, profundo… se te queda pegado a la lengua para entregarte unos hermosos recuerdos a café, vainilla y panela! Para mí, uno de los rones más sabrosos que he probado hasta hoy (e incluyo aquí también a su hermano mayor: el Zacapa Centenario XO), quizás por todas las notas culinarias que ofrece en la copa: sientes especias, canela, jengibre, nuez moscada, clavo y unos hermosos aires frutales: albaricoques y ciruelas pasas! El alcohol, súper equilibrado, aparece como un picantico terso y delicioso. Precio aproximado $120.000 pesos.

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La Hamburguesa del Pequeño Jacinto en La Salumería

la salumería

No tuve tiempo de reaccionar, apenas alcancé a ver las cabecitas de los meseros tras la hamburguesota y sus esfuerzos para hacerla llegar a la mesa.

La bajaron y me la pusieron de frente… el restaurante entero tembló, las sillas se despegaron del suelo y hasta las copas se regaron un poco… sentí las miradas de las otras mesas, todos hipnotizados con la olorosa y colorida visión de una de las hamburguesas más hermosas que se ha visto en estas tierras: 2 pisos de especiadas, brillantes y prietas albóndigas caseras de cerdo (240 g), rosaditas al centro, lacradas a fuego y hierro hasta dar con el termino justo, el rocío, el vapor, el humo, el ligero toque mineral tras el mordisco… ¿pero cómo mordí este Goliat empanado? Apreté con los dedos, abrí la boca hasta dónde me dolieron las orejas y corté en diagonal, de abajo hacia arriba, de arriba hacia abajo, hasta alcanzar la frescura de sus apiñadas boronas que, al juntarse con el pan focaccia, declararon la gloria sobre mi mordisco y sobre muchas de las mejores hamburguesas que he probado… el caramelo de las cebollitas, la gordita tocineta, los quesos y su crema… la “luz de mi mirada perdida y extasiada” (léase: un poeta solitario bajo la luz de un farolito, soñando con su amor).

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¿La TORTA de la PERDICIÓN?

¿La TORTA de la PERDICIÓN? No recuerdo haber visto revolución igual en mi familia... todos estaban encantados, locos, fascinados con la torta que acababa de llegar a casa... hasta los…

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Sin CHORIZO… no hay PARAÍSO

¿Chorizos del mundo?

chorichava

Corté el libanés y con la lengua empecé a hurgar el apiñado anillo de carnes, hasta liberar la pimienta, la canela, el jengibre y la Nuez moscada que se escondía entre sus magros trocitos de res y cerdo… muy sabroso… especial, diferente a todo. Cada chorizo demandaba a gritos el siguiente, el argentino, el alemán, el uruguayo y el italiano, como un juego, porque en un solo paquete vienen los 8, para que pruebes, viajes y descubras el alucinante sabor del mundo que este hombre ha logrado agolpar en sus fragantes y jugosos embutidos… De hoy en adelante ChoriChava será diario protagonistas de mi mesa y mi corazón!!!

Chorichava

Para pedidos tel: (300) 482-9128

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La historia del pequeño tragón!

Lo que más me gustó, desde el día en que llegué a este mundo, fue la comida. Mis padres tenían que esconderla en casa, porque de otra manera, yo acababa con todo. Siempre fui gordito! Siempre fui goloso! Siempre fui glotón! Alguna amiga bruja de mi madre ya había diagnosticado que yo no serviría sino para comer, pero nadie le entendió ¿Acaso era eso posible?

Yo la recuerdo, igual que recuerdo a casi todo el mundo: por un olor o un sabor! Cuando iba de visita a Barranquilla y se quedaba en nuestra casa, se untaba no sé que menjurje en el pelo antes de irse a bañar. Apenas la veía entrar, corría por la casa desesperado, buscando esconder mi nariz y mi cordura del hedor que expelería su cabeza cuando saliera del agua, con la toalla aún húmeda enrollada sobre sus sienes, estrujando sin piedad aquel dulce aire a chocolate, Cerelac y leche Klim que rodeaba en mi pequeño universo culinario… era insoportable. Para entenderme, con los años, elaboré la receta mental de aquel cosmético y hediondo aquelarre: toma un perro callejero; que esté muy sucio y sudado; mójalo, cúbrelo luego con yemas de huevo y ponlas a podrirse al sol… aquel era el tufo con el que su cabellera aplastaba mis ñatas! Afortunadamente esta amiga vivía en Bogotá, así que su traumática estadía en mi infantil reino del Caribe resultaba siempre ser corta y fugaz… aunque a mí se me antojara eterna!

Como sería el tema de serio, el afán por comer y descubrir el mundo y sus sabores, que antes de cumplir los 2 años me pegué mi primera borrachera. Por supuesto, yo no lo sabía! Y no van a creer que caí en un hogar de alcohólicos o de enfermos mentales o inmorales! No. Mis padres fueron un par de jóvenes buenos e inexpertos a los que les tocó tremenda tromba, enrase de tifón y remolino, víctimas directas de mi voraz apetito y mi constante revolución… Les aseguro, no fue nada fácil para ellos lidiar con este pequeño monstruo regordeto, necio y comelón! «Terremoto», así me decían todos, a ellos les ofendía un poco (aunque en el fondo sabían que era verdad, que el mote me lo tenía bien ganado), y, por supuesto, no tuvieron vida porque nadie me quería cuidar. Ya se imaginaran la guerra que les di a los pobres durante mucho tiempo, por lo menos hasta que apareció la tía Bolli y la abuela Biti… y el abuelo Mingo, y con ellos descubrí el olor del sancocho, la magia de chuparme un hueso y el arroz fresco con pimentón… aprendí a comer mango biche con sal, a hacer una arepa y a mecerme bien en una mecedora! Escribo y me vienen estas ganas de llorar. Pensé que los había olvidado… ya me di cuenta que no! Permanecían allí escondidos en el fondo de mi corazón, en el recuerdo de sus aromáticos caldos y sus tiernos abrazos! Ellos me amaron, me alimentaron con gusto, y eso que, desde el primer día que los conocí, les hice pagar por su generosidad: tomé un marcador negro y tracé una línea por las paredes recién pintadas de toda su casa… desde la puerta de la entrada hasta el patio y el palo de mango de atrás! Les costó una semana limpiarla, inútilmente, tuvieron que pintarla otra vez. Luego de eso entendieron que, para estar a salvo, ellos y su casa, había que meterme en la cocina y mantenerme ocupado comiendo. Eso tampoco impidió que un día sacara de su nevera una mantequilla costosísima, que les había traído un pariente de lejos, que ni siquiera habían probado aún, y me la untara por todo el cuerpo desnudo, hasta en el pelo. Tendría unos 4 años, y duraron otros 4 sacándome el pegote y el grasero, desde la cocorota hasta el trasero! Aún así me amaron y aguantaron hasta que se fueron a las cocinas del cielo.

Volviendo al tema de la borrachera…

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